Ensanches puntuales del cauce, construcción de pretiles, acondicionamiento de bocatomas y habilitación de descargas forman parte del despliegue en terreno. Las maniobras buscan proteger las compuertas y preparar alternativas de control antes de que las mayores crecidas limiten el acceso al río.
Un despliegue en distintos puntos de la cuenca del río Elqui está desarrollando el Equipo de la JVRE para proteger la infraestructura hídrica frente al aumento de los caudales. Los trabajos preventivos combinan intervenciones en el cauce, adecuaciones en las captaciones y habilitación de puntos de descarga, con un objetivo central: reducir la exposición de las compuertas y anticipar las maniobras que serán más difíciles de ejecutar cuando el río alcance mayores niveles.
Las labores comenzaron antes del 18 de septiembre, apenas la Asamblea aprobó los recursos necesarios para su ejecución. Tras las precipitaciones registradas durante ese periodo en precordillera y cordillera, y el posterior aumento sostenido de los caudales en los ríos Turbio y Claro, el equipo intensificó las intervenciones.
El trabajo considera las condiciones de cada sector: el ancho del cauce, la dirección de la corriente, la ubicación de las bocatomas y las posibilidades de acceso con maquinaria. A partir de esas características se definen las maniobras para disminuir el ingreso excesivo de agua y resguardar la infraestructura.
Un despliegue en sectores prioritarios de la cuenca
Una de las principales áreas de trabajo se extiende desde la confluencia de los ríos Turbio y Claro, donde nace el río Elqui, hasta el embalse Puclaro. La unión de ambos ríos concentra un mayor caudal, por lo que este tramo ha sido prioritario para las intervenciones preventivas.
En paralelo, se ejecutan labores aguas abajo del embalse Puclaro, considerando el mayor flujo de agua liberado desde el embalse. También se intervienen puntos específicos del río Claro, donde la vegetación, las propiedades colindantes y las condiciones de acceso dificultan el ingreso de maquinaria y exigen un trabajo focalizado.
Los sectores donde se han realizado trabajos incluyen:
- Huanta, quebrada del Calvario y Chapilca.
- La Campana, Diaguitas y puente Peralillo.
- El Arenal, El Tambo y Marquesa.
- Pelícana, Alto del Sol y Punta de Piedra.
Este despliegue permite abordar distintos puntos de la cuenca con soluciones adaptadas a las necesidades de cada captación.
Maniobras en el cauce para reducir la presión sobre las captaciones
Una de las líneas de trabajo consiste en ensanchar sectores angostos del río y construir pretiles para orientar la corriente. Estas maniobras buscan que el agua disponga de mayor espacio para circular y evitar que el flujo se concentre directamente sobre las bocatomas.
Junto con ello, se limpian y rehabilitan las captaciones, ajustando el ancho de sus entradas a las condiciones del caudal. De esta manera, se busca limitar el ingreso excesivo de agua hacia los canales de aducción, que conectan la captación en el río con las compuertas.
A medida que el cauce se expande, también se adecúan las captaciones para disponer de puntos de manejo más retirados de la corriente principal. Esta preparación es relevante porque algunas desviaciones de material y piedra utilizadas para captar agua pueden ser modificadas o sobrepasadas durante las crecidas.
Tres niveles de control para proteger las compuertas
La prioridad técnica es proteger las compuertas. Para ello, el trabajo preventivo contempla tres niveles de manejo, según las posibilidades de cada sector.
El primero corresponde a las intervenciones en el río y las bocatomas, donde la maquinaria permite acondicionar el cauce y regular la forma en que el agua ingresa a la captación.
El segundo consiste en habilitar, donde es posible, descargas intermedias en el canal de aducción. Estas permiten desviar parte del agua antes de que alcance la compuerta y ofrecen una alternativa de control cuando las condiciones del río impiden actuar directamente sobre la bocatoma.
El tercero corresponde a las estructuras de gestión y descarga de la propia infraestructura, incluidas aquellas asociadas a desarenadores, que permiten reducir el caudal antes de su llegada a la compuerta telemétrica.
La combinación de estas maniobras busca disponer de alternativas sucesivas de manejo frente al aumento del río, sin depender de un único punto de intervención.
Preparar ahora la infraestructura para las mayores crecidas
El equipo prevé que los caudales continúen aumentando de manera importante. En ese escenario, el acceso al cauce será más limitado y podría llegar a ser inviable intervenir directamente con maquinaria.
Por eso, el despliegue se realiza de manera anticipada: ensanchar, acondicionar, habilitar descargas y preparar puntos de control son acciones que deben ejecutarse mientras las condiciones permiten trabajar en el río.
Estas obras no eliminan los efectos de una crecida, pero buscan mitigar daños y dejar preparada la infraestructura para enfrentar mayores caudales. Los recursos aprobados en asamblea se traducen así en intervenciones concretas en distintos sectores de la cuenca, con foco en la prevención y el resguardo de las compuertas.



























