Biotecnología con microalgas abre nuevas oportunidades para mejorar suelos y eficiencia hídrica en zonas áridas

La escasez hídrica estructural que afecta al norte de Chile ha impulsado la búsqueda de soluciones innovadoras que permitan sostener la actividad agrícola en condiciones de alta aridez, suelos degradados y creciente variabilidad climática. En este escenario, la empresa biotecnológica Tachi Innovación Viva, con base en Coquimbo, ha desarrollado tecnologías agrícolas basadas en microalgas de agua dulce vivas, orientadas a la regeneración de suelos, la optimización del uso del agua y la captura de carbono.

Según explica Carlos Araya, PhD en Informática y fundador de Tachi, el eje central de la solución es un bioestimulante natural producido a partir de microalgas cultivadas en biorreactores inteligentes (BIM). Estos sistemas permiten concentrar microalgas mediante procesos controlados de fotosíntesis, generando biomasa rica en fitohormonas, macro y micronutrientes, que luego se aplican directamente a los cultivos mediante fertirrigación o aspersión foliar.

“Las microalgas son organismos unicelulares microscópicos, por lo que pueden ingresar sin problemas a los sistemas de riego por goteo. Una vez en el suelo, actúan como bioestimulantes vivos, mejorando la fisiología de las plantas, el desarrollo radicular y la calidad de los frutos”, señala Araya.

En términos simples, se trata de aplicar “vida” al riego. Al ser tan pequeñas, las microalgas pasan sin problemas por las mangueras y goteros, y al llegar al suelo ayudan a que las raíces crezcan más fuertes y profundas. Esto permite que la planta aproveche mejor el agua y los nutrientes disponibles, haciendo que el cultivo se vea más parejo, con hojas más verdes y frutos de mejor tamaño y calidad, especialmente en suelos cansados o con poca humedad.

Regeneración de suelos y ahorro de agua

Uno de los efectos más relevantes observados en terreno es la mejora progresiva de la estructura del suelo. Al estar vivas, las microalgas continúan su proceso fotosintético, capturando CO₂ y transformándolo en carbono orgánico disponible, lo que incrementa la materia orgánica y favorece la proliferación de microorganismos beneficiosos.

De acuerdo con antecedentes técnicos del sistema BIM, el uso sostenido del bioestimulante ha permitido incrementar en torno a un 30% la capacidad de retención de agua del suelo, además de fortalecer el sistema radicular de los cultivos y mejorar la absorción de nutrientes

Esta mayor capacidad de retención hídrica se traduce, en experiencias de campo, en reducciones cercanas al 30% en el consumo de agua de riego tras dos temporadas de aplicación continua.

Estas mejoras han sido especialmente relevantes en suelos de alta complejidad, como los del sector de Tierra Amarilla, donde existen elevados niveles de salinidad y presencia de minerales como boro y cobre. En dichos contextos, la aplicación de microalgas ha contribuido a recuperar la funcionalidad del suelo y aumentar la resiliencia de los cultivos frente al estrés hídrico y térmico.

Proyectos CORFO y agricultura del desierto

El desarrollo tecnológico de Tachi se ha visto fortalecido a través de diversos proyectos cofinanciados por CORFO, enfocados en soluciones para la agricultura del desierto y la captura de carbono.

Uno de ellos es el Proyecto CORFO 24IRS 264342, que evalúa el uso de un hidrogel bioactivo con microalgas, diseñado para combinar la retención de agua con la liberación gradual de nutrientes y oxígeno a nivel radicular. Durante su fase de validación en la Región de Antofagasta, en cultivos de maracuyá, se han observado resultados preliminares alentadores: plantas más vigorosas, hojas con mayor intensidad de color, brotación más uniforme y una mejor adaptación a condiciones de alta radiación y estrés hídrico.

Este hidrogel busca optimizar la eficiencia del riego, reducir pérdidas por evaporación y potenciar la salud del suelo, aportando una solución concreta para zonas donde el agua es un factor crítico de producción.

En paralelo, la empresa desarrolla un bloqueador solar orgánico de microalgas, actualmente en fase de prototipo, orientado a proteger los cultivos de la radiación extrema. Este proyecto, asociado al programa Innova Región Sostenibilidad y a SQM Litio, ha realizado pruebas preliminares mediante aplicaciones con drones en el norte del país.

Captura de carbono y enfoque territorial

Además de su aplicación agrícola, el sistema BIM permite la fijación directa de CO₂, estimándose una captura anual cercana a 500 kilos de CO₂ por biorreactor, equivalente al aporte de aproximadamente 25 árboles adultos

Este enfoque posiciona a las microalgas como una herramienta biotecnológica con potencial tanto productivo como ambiental.

Actualmente, la tecnología de Tachi se utiliza en más de 400 hectáreas de frutales de exportación, con experiencias documentadas en cultivos como olivos, paltos y uva, y con una planta de producción ubicada en el sector de Puente Peñuelas, en la Región de Coquimbo.

Desde la perspectiva de la Junta de Vigilancia del Río Elqui, este tipo de iniciativas permite abrir un debate relevante sobre la incorporación de soluciones basadas en procesos naturales y ciencia aplicada, capaces de mejorar la eficiencia hídrica, reducir la dependencia de agroquímicos y fortalecer la sostenibilidad de la agricultura en cuencas con disponibilidad limitada de agua.

En un contexto de cambio climático y presión creciente sobre los recursos hídricos, la experiencia con microalgas muestra que la innovación tecnológica, cuando se articula con el territorio, puede transformarse en una herramienta concreta para avanzar hacia una agricultura más resiliente, eficiente y compatible con la conservación del agua.

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