Temporal de julio en la cuenca del Elqui fue excepcional por la persistencia de las lluvias

El temporal de julio en la cuenca del Elqui presentó un carácter excepcional por la persistencia de las precipitaciones durante 48 y 72 horas, según un análisis elaborado por el Observatorio de Recursos Hídricos Kimün-Ko de la Universidad de La Frontera. El evento dejó importantes acumulaciones de agua y nieve, aumentos de caudal, activación de quebradas y daños en infraestructura.

Un nuevo análisis hidrometeorológico confirmó el carácter excepcional del temporal que afectó a la Región de Coquimbo entre el 15 y el 20 de julio de 2026, dejando importantes precipitaciones, crecidas de cauces, activación de quebradas y daños en infraestructura.

El estudio fue elaborado por el Observatorio de Recursos Hídricos Kimün-Ko de la Universidad de La Frontera y analizó la intensidad, acumulación, duración y período de retorno de las precipitaciones registradas entre Atacama y Ñuble.

Uno de sus principales resultados indica que, en la Región de Coquimbo, la característica más extraordinaria del evento no estuvo asociada únicamente a lluvias intensas en periodos breves, sino a su persistencia durante dos y hasta tres días consecutivos.

Esta condición resulta especialmente relevante para la cuenca del río Elqui, debido a que los ríos, quebradas, embalses y sistemas de canales responden al agua acumulada durante varias horas o días.

Coquimbo concentró una de las señales más excepcionales

Para desarrollar el estudio se utilizaron datos horarios preliminares del producto climático ERA5-Land, corregidos por sesgo, junto con curvas de intensidad, duración y frecuencia. Las precipitaciones fueron analizadas mediante ventanas móviles de 6, 12, 24, 48 y 72 horas.

Los resultados muestran que la Región de Coquimbo fue la segunda zona más excepcional del territorio estudiado y aquella donde esta condición alcanzó la mayor extensión territorial.

Para una duración de 48 horas, aproximadamente el 47% de la superficie regional presentó períodos de retorno estimados superiores a 500 años. Al ampliar el análisis a 72 horas, esta proporción aumentó hasta un 64%.

La categoría “más de 500 años” no significa que un temporal similar volverá a ocurrir exactamente dentro de cinco siglos. El período de retorno es una medida estadística que indica cuán extraordinaria resulta una precipitación en comparación con el comportamiento histórico de un territorio.

El propio estudio advierte que estas cifras deben interpretarse como indicadores de excepcionalidad extrema y no como una estimación exacta de recurrencia, ya que fueron calculadas utilizando 41 años de máximos anuales, correspondientes al periodo 1981-2021.

 

Focos extremos en sectores próximos a La Serena

En una ventana de 24 horas, el análisis identificó focos con períodos de retorno superiores a 500 años en sectores próximos a La Serena, rodeados por áreas con valores estimados entre 50 y 150 años.

Al considerar 48 horas, las zonas con una excepcionalidad muy elevada se expandieron y formaron una franja que se extendió desde la provincia de Huasco hasta el valle del Limarí, incluyendo parte importante de la Región de Coquimbo.

En sectores cercanos a La Serena y el valle del Limarí, el modelo estimó acumulaciones aproximadas de entre 60 y 100 milímetros durante las 24 horas más lluviosas.

A escala regional, amplios sectores comprendidos entre La Serena, Combarbalá y Punitaqui presentaron acumulaciones estimadas del orden de 220 a 300 milímetros durante la ventana de 72 horas más intensa.

Estos valores no representan necesariamente el total precipitado durante los seis días del temporal. Corresponden al máximo acumulado registrado dentro de una ventana continua de duración determinada.

La duración fue más importante que un pulso aislado

El análisis concluye que la principal singularidad del temporal fue la persistencia de las precipitaciones.

En las ventanas de 6 y 12 horas no se identificaron superficies con períodos de retorno superiores a 500 años dentro de todo el territorio estudiado. En cambio, esta categoría alcanzó un 14,2% del área analizada para 48 horas y un 20,5% para 72 horas.

Esto significa que el evento no destacó principalmente por una lluvia extremadamente intensa durante una hora determinada, sino porque las precipitaciones se mantuvieron durante dos o tres días sobre territorios áridos y semiáridos que habitualmente reciben montos considerablemente menores.

Esta diferencia es importante desde el punto de vista de la gestión hídrica. Mientras una alcantarilla o un sistema de evacuación de aguas lluvias puede responder rápidamente a un pulso intenso, una cuenca de mayor tamaño, un río o un embalse integra los aportes recibidos durante periodos más prolongados.

La respuesta observada en la cuenca del Elqui

Los registros operacionales de la Junta de Vigilancia del Río Elqui y sus Afluentes permiten observar cómo se manifestó esta persistencia en la cuenca.

Entre el 15 y el 24 de julio, el Embalse Puclaro aumentó su volumen desde 24,33 hasta 40,29 millones de metros cúbicos. Esto representó la incorporación de aproximadamente 15,96 millones de metros cúbicos, equivalentes a casi 16 mil millones de litros de agua.

La mayor respuesta se produjo el 20 de julio, cuando el embalse sumó más de 5,26 millones de metros cúbicos durante una sola jornada y el caudal de entrada alcanzó los 61 metros cúbicos por segundo. Ese mismo día se registraron 60 milímetros de lluvia en el sector.

En total, entre el 15 y el 24 de julio, la precipitación acumulada en Puclaro alcanzó aproximadamente 208,6 milímetros.

En la alta cordillera, el aporte se manifestó principalmente en forma de nieve. En el punto de observación del Embalse La Laguna, la acumulación aumentó desde 25 centímetros el 15 de julio hasta 5,85 metros el día 24, representando 5,60 metros de nieve nueva.

A diferencia de Puclaro, donde la lluvia generó una respuesta relativamente rápida, una parte significativa del recurso acumulado en la cordillera permanecerá temporalmente almacenada como nieve. Su incorporación a los ríos y embalses dependerá de las temperaturas y del desarrollo del proceso de deshielo.

Infraestructura y sistemas de riego bajo presión

El estudio identificó una correspondencia temporal y territorial entre el desplazamiento de las precipitaciones y la aparición de emergencias de infraestructura.

Durante los seis días analizados, el Ministerio de Obras Públicas registró 649 reportes de emergencia entre Atacama y Ñuble. La Región de Coquimbo concentró 311 casos, mientras que Coquimbo y Atacama reunieron conjuntamente cerca del 65% de los reportes.

Sin embargo, el análisis advierte que no es posible atribuir cada afectación únicamente a la intensidad de las lluvias. La respuesta depende también de la humedad previa del suelo, la condición de los cauces, la activación de quebradas, el transporte de sedimentos, el estado de conservación de las obras y la exposición de caminos, puentes y sistemas de riego.

Para la cuenca del Elqui, estos antecedentes refuerzan la necesidad de evaluar no solo las lluvias intensas de corta duración, sino también los efectos acumulativos que pueden producirse sobre bocatomas, canales, defensas fluviales, atraviesos y obras de conducción cuando las precipitaciones persisten durante varios días.

Monitoreo y preparación de la cuenca

Desde la JVRE se continuará monitoreando la evolución de los caudales, las temperaturas, la reserva nival y los volúmenes almacenados en los embalses Puclaro y La Laguna.

El temporal dejó un aporte hídrico relevante, pero también evidenció la vulnerabilidad de caminos, canales, cauces y sectores ribereños frente a eventos prolongados. Por ello, resulta fundamental avanzar coordinadamente en la limpieza y conservación de cauces, la rehabilitación de obras de riego, el encauzamiento de sectores críticos y la preparación ante la futura temporada de deshielos.

La experiencia de julio confirma que la gestión de la cuenca debe considerar ambos extremos: la escasez hídrica de largo plazo y la posibilidad de recibir grandes volúmenes de agua en periodos relativamente breves.

Fuente técnica: Observatorio de Recursos Hídricos Kimün-Ko, Universidad de La Frontera.