Desaladora para la conurbación de Coquimbo y La Serena vuelve a retrasarse: proyecto pide plazo hasta 2027 para responder observaciones ambientales

La construcción de la planta desaladora para la conurbación Coquimbo–La Serena, considerada una de las obras de infraestructura hídrica más importantes proyectadas para la Región de Coquimbo, enfrenta un nuevo retraso en su proceso de evaluación ambiental.

La Dirección General de Concesiones del Ministerio de Obras Públicas solicitó al Servicio de Evaluación Ambiental extender el plazo para responder las observaciones técnicas del proyecto hasta enero de 2027, lo que vuelve a abrir el debate sobre los tiempos reales de ejecución de esta iniciativa, largamente anunciada como una de las soluciones estructurales frente a la crisis hídrica regional.

Desde la Junta de Vigilancia del Río Elqui (JVRE) se ha seguido de cerca el avance de este proyecto, dado que su desarrollo podría modificar en el largo plazo la relación entre el abastecimiento urbano y las fuentes de agua continentales de la cuenca.

Una planta para diversificar las fuentes de agua

El proyecto considera la construcción de una planta desaladora de agua de mar mediante tecnología de ósmosis inversa, ubicada en el sector costero de Ensenada El Panul, al sur de la comuna de Coquimbo.

Su objetivo principal es reforzar el abastecimiento de agua potable para la conurbación, produciendo hasta 1.200 litros por segundo de agua desalada, destinada principalmente al consumo humano de las comunas de Coquimbo y La Serena.

La infraestructura incluirá además un sistema de captación de agua de mar, un emisario submarino para la descarga de salmuera, una planta de tratamiento y una conducción de casi 19 kilómetros que transportará el agua hasta los estanques de almacenamiento y distribución.

La inversión estimada del proyecto alcanza los 318 millones de dólares, convirtiéndolo en uno de los proyectos hídricos de mayor escala planificados para la región en las últimas décadas.

De acuerdo con la planificación original, la planta debería comenzar su construcción durante el último trimestre de 2026, con una puesta en servicio estimada entre 2029 y 2030.

La historia de un proyecto anunciado hace años

Aunque el actual proceso de concesión comenzó en los últimos años, la idea de construir una desaladora para abastecer la conurbación no es nueva.

Durante la última década, distintos gobiernos han planteado la desalación como una alternativa para enfrentar el creciente déficit hídrico en la región, especialmente en el contexto de la llamada megasequía, que ha afectado al norte chico por más de diez años.

La necesidad de diversificar las fuentes de agua se hizo más evidente a partir de las sucesivas caídas en los niveles de los embalses del sistema Elqui y Limarí, que han obligado a una gestión cada vez más estricta del recurso hídrico disponible.

En ese contexto, el proyecto tomó forma institucional cuando el Ministerio de Obras Públicas ingresó el Estudio de Impacto Ambiental en octubre de 2024, iniciando formalmente su evaluación ambiental.

Posteriormente, en diciembre de 2024, se publicó la licitación de la concesión para el diseño, construcción y operación de la planta.

La licitación y las empresas interesadas

Durante el proceso de licitación participaron dos consorcios internacionales:

  • Sacyr Agua S.L.
  • Consorcio PDAM Mamanchay

En noviembre de 2025 se realizó la apertura de las ofertas económicas de ambos grupos, donde se presentaron propuestas tarifarias cercanas a $805 y $818 por metro cúbico de agua producida, según los antecedentes del proceso.

La adjudicación del proyecto estaba prevista inicialmente para el primer trimestre de 2026, aunque su concreción depende del avance de la evaluación ambiental.

El nuevo retraso en la evaluación ambiental

Actualmente el proyecto se encuentra respondiendo el segundo Informe Consolidado de Solicitud de Aclaraciones, Rectificaciones y Ampliaciones (ICSARA 2) emitido por los servicios públicos durante la evaluación del Estudio de Impacto Ambiental.

Las observaciones incluyen una serie de estudios técnicos que requieren información adicional, entre ellos:

  • caracterización arqueológica de sitios cercanos al proyecto
  • análisis de biodiversidad marina y cadena trófica
  • modelaciones de ruido submarino y posibles efectos en cetáceos
  • estudios de emisiones atmosféricas
  • análisis del medio humano indígena

Según el Ministerio de Obras Públicas, la respuesta a estas observaciones requiere nuevas campañas de terreno y análisis científicos, lo que motivó la solicitud de ampliar el plazo hasta enero de 2027.

El proyecto en cifras

Para dimensionar la magnitud de esta infraestructura, el siguiente gráfico resume las principales características del proyecto:

Planta desaladora Coquimbo – principales cifras

Indicador

Valor

Inversión estimada

USD 318 millones

Producción inicial

800 litros por segundo

Capacidad máxima

1.200 litros por segundo

Conducción de agua

18,7 km

Estanque de almacenamiento

8.000 m³

Población beneficiada

aprox. 460.000 habitantes

Inicio de construcción estimado

2026

Puesta en servicio estimada

2029 – 2030

¿Cuánta agua produciría la desaladora?

Para comprender la escala del proyecto, el siguiente gráfico compara la producción potencial de la planta con otras magnitudes conocidas del sistema hídrico regional.

Producción potencial de agua

Fuente de agua

Caudal aproximado

Planta desaladora (máx.)

1.200 l/s

Planta desaladora (fase inicial)

800 l/s

Río Elqui promedio histórico

variable según temporada

Producción anual estimada de la planta

cerca de 38 millones de m³

En términos prácticos, esta producción permitiría cubrir gran parte del consumo de agua potable de la conurbación, reduciendo la dependencia de los sistemas continentales.

Un proyecto clave en medio de la crisis hídrica

Para la Región de Coquimbo, la desalación se ha transformado en una de las alternativas más discutidas para enfrentar el escenario de escasez estructural de agua.

Desde la mirada de la gestión de cuencas, la eventual entrada en operación de la planta podría representar un cambio importante en el equilibrio hídrico regional, ya que permitiría disminuir la presión sobre los sistemas de embalses y ríos utilizados para el abastecimiento urbano.

Sin embargo, su implementación aún depende de completar un proceso ambiental complejo y de largo plazo.

Mientras tanto, la región continúa enfrentando el desafío de administrar un recurso cada vez más escaso, combinando eficiencia en el uso del agua, nuevas fuentes de abastecimiento y una gestión integrada del territorio.